Cuando las personas aprenden que Jesús dijo: “arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17), muchos suponen que podemos entrar en este Reino inmediatamente después de morir. Al fin y al cabo, ellos razonan, Jesús dijo que su reino “se ha acercado”.
Algunos perciben que el Reino es la Iglesia. Otros creen que es nuestro mundo actual cuando es gobernado por los principios cristianos. Algunos creen que el Reino existe en los corazones de las personas. Muchas de estas bien intencionadas ideas están erradas o son incompletas.
Cuando estudiamos este tema en la Biblia, encontramos que Mateo es el único escritor que utiliza el término “el reino de los cielos”. Los otros escritores de los evangelios—Marcos, Lucas y Juan—se refieren a él como “el reino de Dios” (Marcos 1:14-15; Lucas 4:43; Hechos 1:3; Juan 3:3, 5). Pablo lo llamó el “reino de Cristo y de Dios” (Efesios 5:5), y Pedro se refirió a él como “el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:11). En Apocalipsis 12:10 Juan escribió “el reino de nuestro Dios”. Al analizar estos pasajes, vemos que el nombre que predomina es “el reino de Dios”.
Por supuesto, todas estas expresiones se refieren al mismo Reino—el Reino que pertenece a Dios el Padre y su Hijo, Jesucristo. De hecho, es en sí mismo el Reino de Dios. ¿Cómo debemos entender entonces las 33 referencias de Mateo al “reino de los cielos”, frente a las cinco referencias que hace al “reino de Dios”? “De los cielos” significa simplemente que pertenece a los seres divinos que gobiernan en los cielos. ¿Tenemos entonces que ir al cielo para poder entrar a este Reino? ¿Permanecerá en los cielos?