En Levítico 23 encontramos las siete fiestas santas anuales de Dios. Estas “santas convocaciones”—asambleas ordenadas—describen su plan de salvación para la humanidad. El cuarto de estos días de fiesta anuales, la Fiesta de Trompetas, representa el regreso de Cristo para establecer el Reino de Dios en la tierra. Los días santos anuales restantes les recuerdan a los cristianos los pasos adicionales que Dios va a tomar para completar el plan que desde el principio Él y su Hijo han diseñado para la humanidad.
Estos días santos fueron celebrados por Cristo, sus discípulos y la Iglesia del primer siglo. Aunque fueron establecidos en el Antiguo Testamento, Jesús amplificó el significado cristiano. Uno de estos días santos, la Fiesta de Tabernáculos, representa el reinado de 1000 años de Cristo en la tierra.
Durante este milenio, con el Reino firmemente establecido en la tierra, vendrán maravillosas bendiciones sobre todas las personas que escuchen y respondan a la enseñanza de Cristo. Desde la sanidad para todas las dolencias físicas (Isaías 35:5-6) hasta la abundante producción agrícola (vv. 2-3; Amós 9:13) y la paz universal (Isaías 9:7; 52:7; 54:10, 13). El Reino de Dios va a ser el cambio mejor recibido por todos los habitantes de la tierra. Pero la mayor bendición de todas será el conocimiento de Dios que incluirá una invitación para todos, para que se conviertan en parte de su familia y vivan para siempre, si es que las personas responden a las amorosas instrucciones de Dios (Isaías 11:9; Habacuc 2:14).
Si desea aprender más acerca de estas celebraciones bíblicas, vea el recuadro “¿Qué significan los Días Santos de Dios?”. Cuando celebramos estos días de fiesta santos anuales, esto nos ayuda a tener firme en la mente el plan de Dios para cada uno de nosotros y el mundo entero.