475
295
Version Animada

Guiados por el Espíritu

Además de la inmersión en el agua, el bautismo tiene otro elemento importante. Después de ser bautizados, un ministro debe imponernos las manos, orando a Dios que nos dé su Santo Espíritu (Hechos 8:17-18; 19:6; 2 Timoteo 1:6).

El Espíritu Santo es “un don de Dios”, que vence al miedo, nos da entendimiento espiritual y nos da el poder para amar tanto a Dios como a nuestro prójimo (Hechos 1:8; 2 Timoteo 1:6-7). Después de la imposición de manos, el Espíritu de Dios comienza a residir en nosotros y la evidencia de esto o el “fruto” es obvio para nosotros y para los demás. Las características de “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” describen nuestra forma de pensar y nuestra conducta (Gálatas 5:22-23).

El Espíritu Santo no nos obliga a vivir de acuerdo con el camino de Dios o parecernos a Él. En lugar de esto nos guía por el camino correcto. Debemos permitir que el Espíritu de Dios nos guíe, porque “el ocuparse de la carne [gobernados principalmente por nuestra propia forma de pensar aparte de Dios] es muerte” (Romanos 8:6). Esta forma de pensar natural, humana, es “contra Dios” (v. 7). La única forma de agradarlo a Él es seguir su dirección y permitir que su Espíritu nos guíe. Más adelante Pablo explicó: “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:13-14).

Aquí, la Biblia define al pueblo de Dios como aquellos que son “guiados por el Espíritu”. Si nosotros tenemos el Espíritu de Dios morando en nosotros, eventualmente seremos “juntamente glorificados” con Cristo (v. 17).

Arrepentirse, ser bautizados, convertirse y ser guiados por el Espíritu Santo de Dios, son pasos requeridos para todos aquellos que deseen heredar la vida eterna en el Reino de Dios.

 

 

 

 

 

Capitulo Anterior
Próximo Capítulo