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Version Animada

El lugar futuro del Reino

Hace cerca de 2500 años, Dios dio a un profeta judío llamado Daniel un entendimiento especial acerca de los gobiernos futuros. Mientras servía en la corte de Nabucodonosor, el rey de Babilonia, Dios le reveló a Daniel que a lo largo de todo el curso de la historia humana habría tres imperios mundiales después del imperio babilónico—los imperios persa, griego y romano.

Dios le inspiró a Daniel para que escribiera: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”(Daniel 2:44). Más tarde, Daniel agregaría que los santos poseerían el quinto reino mundial—el Reino de Dios—y que éste permanecería para siempre (Daniel 7:18, 22, 27).

Por los escritos de Daniel, podemos entender que el Reino de Dios va a ser establecido en la tierra y después de ser establecido, todos los reinos de la tierra eventualmente van a desaparecer. Entonces este reino profetizado no será simplemente un movimiento filosófico o una forma limitada de pensar que sólo reside en la mente de las personas. En lugar de ello, es un reino literal en todo el sentido de la palabra—un reino con territorio, gobernante, leyes y ciudadanos—que va a regir sobre todas las naciones de la tierra.

Cuando Jesús vino a la tierra, el curso de los imperios mundiales profetizados por Daniel no había llegado a su fin. Todavía no había llegado el momento de que el Reino de Dios reemplazara a todos los gobiernos humanos de la tierra. En su juicio ante Pilato, Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:36). Pero el hecho de que el Reino de Dios no hubiera llegado todavía a la tierra no fue una razón para que los discípulos de Jesús no dejaran de preguntar acerca de este tema tan importante. Al fin y al cabo, Jesús les había enseñado a orar para que su Reino viniera y que lo hicieran la más importante prioridad de sus vidas (Mateo 6:10, 33).

Los discípulos se acercaron en privado a Jesús, curiosos acerca de este Reino, y le preguntaron, “…Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3). Ellos querían saber qué señales indicarían que su regreso estaba próximo y que el reinado de los gobiernos humanos estaba llegando a su fin.

Al responder las preguntas de sus discípulos, Jesús les dijo que habría falsos maestros, guerras, hambres, pestes y terremotos. Sin embargo agregó: “Pero el fin no será inmediatamente” (Lucas 21:9). Todos estos acontecimientos serían “principio de dolores” (Mateo 24:8).

Al hablar de estos temas con los discípulos después de su resurrección, Jesús nuevamente afirmó que el Reino profetizado todavía no estaba en la tierra (Hechos 1:3-8). Y aquí, Él utilizó la expresión “Los tiempos o las sazones”, para referirse a todo lo que estaba bajo el control del Padre. Con un entendimiento global de la historia humana que ningún ser humano podría tener, Dios el Padre sería el que decidiría cuando enviar a Jesús a establecer el Reino de Dios en la tierra (Mateo 24:36; Marcos 13:32).

En Hechos 1 Jesús les dijo a los discípulos que ellos necesitaban expandir su entendimiento del tiempo que Dios tenía dispuesto para trabajar con la humanidad. Él les explicó que más tarde ellos entenderían a cabalidad—que Él no iba a regresar en su época. Dios iba a permitir que transcurriera un tiempo en el que “las primicias”—un pequeño grupo inicial de personas—fueran llamadas y entrenadas para servir como maestros cuando Jesucristo regresara a la tierra a establecer el Reino (Santiago 1:18; Apocalipsis 5:10).

Cristo iba a regresar sólo después de una serie de eventos profetizados por Juan en el libro de Apocalipsis. Después de que el séptimo ángel tocara la trompeta, se escucharían fuertes voces en el cielo que dirían: “Los reinos de este mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15).

En resumen, el Reino de Dios está actualmente en los cielos. Pero cuando Jesús regrese, será establecido en la tierra.

 

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