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Version Animada

Dios tiene un propósito para usted

Para entender el Reino de Dios es necesario entender por qué hemos nacido. Cuando analizamos por qué hemos nacido, no estamos tratando de dilucidar el misterio de la reproducción humana—cómo un hombre y una mujer pueden procrear un bebé. En lugar de ello, lo que necesitamos saber es por qué Dios creó la humanidad. Necesitamos saber lo que Dios tenía en mente cuando Él formó al primer hombre, Adán, del polvo de la tierra y luego creó a la primera mujer de la costilla de Adán (Génesis 2:7; 21).

La Biblia revela que Dios tenía un plan para la humanidad “desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8), “antes de los tiempos de los siglos” (2 Timoteo 1:9). Único entre toda la vida física que Dios había creado sobre la tierra, el hombre fue hecho a la propia “imagen de Dios”, “conforme a su semejanza” (Génesis 1:26-27). Este aspecto fundamental de nuestra creación es lo que explica por qué los seres humanos tienen la capacidad de pensar, razonar y planear sus vidas, y sus habilidades son infinitamente superiores a las de los animales. Los seres humanos se parecen a Dios, aunque con menos poderes y capacidades. Pero aunque fueron creados con menos gloria que Dios, tienen un potencial increíble.

Cuando Jesús vino a la tierra, Él continuó en “los negocios de mi padre” (Lucas 2:49)—cumpliendo con el plan que el Padre había establecido desde hacía mucho tiempo. Jesús dijo que Él había venido “en nombre de mi padre” (Juan 5:43), para hacer “la voluntad del que me envío” (Juan 6:38).

¿Cuál era el propósito de la venida de Jesús a la tierra? Jesús dijo que había venido a llamar “a pecadores al arrepentimiento” (Marcos 2:17; Lucas 5:32), de tal forma que aquellos que respondieran “tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

En este pasaje, Jesús se estaba refiriendo a algo más trascendental que una mejor vida física. Como Juan, uno de los discípulos a los cuales Jesús les enseñó personalmente, lo explicara: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:12-13).

Este proceso de convertirnos en hijos de Dios incluye el hecho de que Cristo, el Hijo de Dios, se “forme” en nosotros (Gálatas 4:19). Hablando del resultado final de esto, Juan escribió: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).

Volvernos parte de la familia de Dios—nacer como hijos de “Dios”—¡es el propósito definitivo que Dios tiene para usted y para cada ser humano que haya existido y vaya a existir! (Efesios 3:14-15; 2 Corintios 6:17-18). Dios está llamando a las personas (Juan 6:44). Él, “no [quiere] que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Ahora que entendemos el propósito que Dios tiene para la humanidad, enfoquémonos en el Reino al cual Jesús se refirió.

 

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