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Version Animada

Arrepentirse y creer

Como respuesta a las buenas noticias acerca del Reino, Jesús dijo que las personas debían hacer dos cosas: “Arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1:14). Desafortunadamente, esta instrucción tan importante es ignorada por muchos, o, en el mejor de los casos, parcialmente explicada.

Algunos dicen que todo lo que tenemos que hacer es “creer en Jesús”. Con demasiada frecuencia, esta explicación incompleta y muy generalizada, ha empañado y oscurecido el entendimiento del verdadero evangelio. Con esta enseñanza tan popular, el cristianismo ha sido reducido erróneamente a la tergiversada idea de que todo lo que tienen que hacer las personas para recibir vida eterna en el Reino de Dios, es simplemente creer que Jesús es su Salvador y que Él vivió una vida justa por nosotros. Lo que falta en esta explicación es lo que implica creer en Jesús y lo que significa arrepentirse.

Según la Biblia, el arrepentimiento incluye dos pasos importantes. Primero, el arrepentimiento es un don de Dios. Ya que Dios tiene que abrir la mente de la persona y llevarla hacia Él, este aspecto del arrepentimiento debe provenir de Dios. Como tal, Él guía a las personas al arrepentimiento (Romanos 2:4). Sin la intervención de Dios, es imposible el verdadero arrepentimiento bíblico.

Segundo, el arrepentimiento también incluye una decisión firme de la persona de cambiar su vida—dejar de hacer lo que le place, y obedecer los mandamientos de Dios. La respuesta que Dios espera ante su misericordia de remover el velo de la ceguera espiritual y permitir que la persona entienda, es que esta persona deje de pecar—deje de quebrantar sus leyes—y empiece a vivir como Él ordena.

Al ilustrar la respuesta personal que se esperaba de las personas cuando se arrepentían, Juan el Bautista les dijo a los líderes religiosos de esa época, que lo que necesitaban era “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8). El fruto que ellos debían producir era una evidencia visible de una vida que había cambiado—una vida que ahora estaba orientada hacia Dios. Al explicar ese mismo principio, Pablo enseñó que la fe y las acciones iban de la mano. El arrepentimiento verdadero incluía recibir la gracia de Dios y la “obediencia a la fe” (Romanos 1:5).

Para arrepentirse, uno necesita dolerse de sus pecados pasados y comprometerse por entero a vivir en obediencia. El arrepentimiento incluye reconocer que nuestros pecados son una ofensa a Dios y a Jesús, quien dio su vida para que nuestros pecados pudieran ser perdonados. Este humilde reconocimiento es lo que va a tener un profundo e imperecedero efecto en nuestra vida. Al explicar lo que es el arrepentimiento, Barnes’ Notes [Las anotaciones de Barnes], acerca de Mateo 3:2, dicen: “hay dos palabras en el Nuevo Testamento que se traducen como ‘arrepentimiento’, una de las cuales denota un cambio de mente, una corrección de vida; y la otra, el dolor o rechazo ante el pecado que se ha cometido”.

Al poner en contexto y relacionar estos conceptos de arrepentimiento, la conversión se produce cuando la forma de pensar cambia de su orientación básica egoísta y se somete a Dios. Jesús dijo que esto era necesario que ocurriera si queríamos entrar al Reino. “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3).

Además del verdadero arrepentimiento, Jesús ordenó a aquellos que lo seguían “creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Creer verdaderamente significa no sólo dolerse por los pecados sino además cambiar la forma de vivir (2 Corintios 7:10). Como Pablo lo expresara, son: “los hacedores de la ley”—opuestos a los “oidores de la ley”—los que van a ser justificados, considerados justos a los ojos de Dios (Romanos 2:13).

A medida que nos convertimos, cambiamos desde lo más profundo de nuestro ser. En la misma forma en que cambia nuestra forma de pensar, también cambia nuestro actuar. En lugar de rebelarnos en contra de las leyes de Dios como hacen todos los seres humanos (Romanos 3:23; 6:23), ahora deseamos obedecer a Dios y ser como nuestro Padre que está en los cielos.

Jesús dijo muy claro que aquellos que quieran entrar al Reino deben guardar los mandamientos. Al responder a la pregunta tan comúnmente formulada de lo que uno debe hacer para recibir la vida eterna, Jesús dijo repetidamente a las personas que debían obedecer los mandamientos (Mateo 19:16-20; Marcos 10:17-23; Lucas 10:25-27; Lucas 18:18-24). Además, Jesús explicó que aquellos que practicaban la maldad no estarían en el Reino. Aunque la obediencia a los mandamientos de Dios no hace que “ganemos” la salvación, porque ésta es un don de Dios (Romanos 6:23), las personas que no se arrepienten y quebrantan voluntariamente la ley de Dios, serán destruidas (Mateo 13:41-42). (Si desea una explicación adicional, lea el recuadro: “¿Cuál es el castigo de los impíos?”).

Todo aquel que se arrepiente y cree verdaderamente, obedecerá todos los mandamientos de Dios. Más adelante, examinaremos algunas de las instrucciones de Dios que comúnmente son descartadas; pero antes de hacerlo, analicemos lo que Dios espera después de que uno se arrepiente y demuestra su creencia por medio de la obediencia a la ley de Dios.

 

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