Al terminar de leer esta revelación del misterio del Reino, usted está en una situación similar a la de los discípulos de Jesús. Después de explicar la parábola del sembrador y la semilla, Jesús les dijo: “Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen” (Mateo 13:16). A ellos se les había dado la explicación del misterio que ahora usted conoce también.
Ahora que usted conoce “los secretos del Reino de Dios”, ¿qué va a hacer con este conocimiento? (Lucas 8:10). Su respuesta será una de las cuatro identificadas por Jesús en su parábola del sembrador. Considere cuidadosamente las respuestas que las personas han dado después de oír la explicación de este conocimiento escondido.
“Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno” (Mateo 13:18-23).
Esperamos que responda ante esta invaluable oportunidad. Jesús le está diciendo: “El reino de Dios se ha acercado. Arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1:15).